Entre las dificultades con las que se encuentran los Institutos Religiosos en el siglo XXI, una de las principales es el envejecimiento de los mismos debido a la falta de vocaciones religiosas.

Esta realidad afecta a diversos aspectos de las organizaciones. Entre otros: la sostenibilidad futura de las obras apostólicas, la consecución de fondos económicos para la atención de los mayores, la continuidad del carisma religioso en Misión Compartida con el laicado.

 

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